Belong (Episode 7)·2 de 3

7.2 Can I Belong in Church?

The church is a team where we can support each other and motivate one another to acts of love and good works.

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Transcripción

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Los irlandeses nos destacamos en muchas cosas. Desde nuestro icónico baile irlandés hasta nuestros poetas de fama mundial, sin olvidar nuestro deporte. En nuestra pequeña isla, practicamos el deporte de campo más rápido del mundo. Se llama hurling cuando juegan chicos y camogie cuando juegan chicas. El deporte consta de un palo de madera de fresno de primera, una pelota superdura llamada sliotar, unos jugadores con poca o ninguna protección y muchos dedos rotos. Es un deporte solo para valientes y ha originado otros deportes con palos y pelotas, como el hockey sobre hierba, el hockey sobre hielo y el lacrosse. Pero esta es la cuestión, puedes llegar a ser un jugador medio decente en el jardín de tu casa. Puedes comprar el kit, aprender la técnica y dominar el arte de los toques. Pero no sería nada comparado con alinearte con tus compañeros el día del partido, y mejor aún si es en nuestro estadio nacional, Croke Park. Así es el cristianismo. Podemos hacerlo por nuestra cuenta, y algunos tienen que hacerlo así, como los que pertenecen a la iglesia perseguida en todo el mundo, que tienen que leer la Biblia y orar en secreto. Tal y como pertenecer a un equipo, eso mismo sucede cuando se pertenece a una comunidad eclesial local. Jesús no quería que estuviéramos solos ni que tratáramos de desarrollar nuestra fe nosotros solos. Jesús inventó la idea de la iglesia como un equipo, porque todos tenemos mucho que ofrecer a los demás, y, a cambio, podemos aprender y recibir mucho. El autor de la carta a los Hebreos nos anima a pensar en maneras de motivarnos unos a otros a realizar actos de amor y buenas acciones. También nos dice que no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino que nos animemos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca. Hablo por experiencia cuando digo que crecer en la fe es de lo más difícil que puedes hacer solo. Recuerdo que de niño, disfrutaba algunas cosas de mi iglesia local, pero realmente no había muchas actividades para los jóvenes. Así que, cuando uno de mis amigos me invitó a su grupo juvenil, fue un gran cambio. El problema era que se tardaba una hora en llegar allí en autobús. Y esta ruta en concreto tenía muchos badenes, que me hacían enfermar casi todos los domingos por la noche. Pero merecía la pena. Recuerdo toda la diversión, todas las bromas, todos los juegos. Explorar las Escrituras en compañía y orar con gente de mi edad realmente me marcaron mucho. Me encantaban los líderes que había allí, personas un poco mayores que yo, que hablaban a mi vida. Recuerdo que uno de ellos me llevó aparte y me dijo que ellos pensaban que yo tenía dones que Dios me había dado para trabajar y comunicarme con los jóvenes. Esa es una de las razones por las que hoy trabajo con jóvenes. Lo dijimos antes, creemos que Dios te ha creado a propósito con un fin. Tú eres único y tienes dones que nadie más tiene. Lo que tú ofreces no se puede duplicar y, si optas por mantener tu vida de fe para ti mismo, será una pérdida para la iglesia. El Espíritu Santo te puede otorgar muchos dones. Es posible que tengas el don de liderazgo o el de enseñanza, el de sanación o el de motivación, el de hacer manualidades o el del arte. Ningún don es mejor que otro, pero si todos aportamos, podemos trabajar todos juntos, como las diferentes partes de un cuerpo. El apóstol Pablo nos advirtió que no nos comparáramos con los demás. En su carta a la iglesia primitiva de Corinto, escribió: «Si el pie dijera: “Como no soy mano, no soy del cuerpo”, no por eso dejaría de ser parte del cuerpo. Y si la oreja dijera: “Como no soy ojo, no soy del cuerpo”, no por eso dejaría de ser parte del cuerpo. Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿qué sería del oído? Si todo el cuerpo fuera oído, ¿qué sería del olfato?». «Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles son indispensables». Te engañas si crees que no tienes nada que ofrecer. Todos tenemos dones y, cuando actuamos en equipo, podemos ser las manos y los pies de Dios en este mundo. Es la forma más auténtica de ser iglesia.
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