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6.3 Can the Holy Spirit Change Me?
4 minFHD
Guide (Episode 6)·3 de 3Fragmento 3 de 3
6.3 Can the Holy Spirit Change Me?
The Holy Spirit gives us what we need at the moment we need. It allows us to treat others as Jesus did when he was on earth. The Holy Spirit fills us with its fruit.
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La gente le teme a un montón de cosas en la vida.
Como ir al dentista
o tener que limpiar la habitación
o que te toque ir al despacho del director.
Yo, desde luego, era un habitual en el despacho del director.
Recuerdo que a los 8 años me mandaron allí porque lanzaba
balones desde el patio del cole a los jardines de los vecinos.
Luego, a los 11 años, me mandaron allí por pasar notas
por debajo de la mesa a una chica que me gustaba.
Aquella conversación fue bastante incómoda.
El incidente con el director que más recuerdo ocurrió cuando tenía 14 años.
Y esta vez no tuve que ir al despacho de la directora,
sino que ella vino a verme.
Recuerdo que llamó a la puerta de la clase
y me pidió que saliera a «hablar» con ella.
En aquel momento, miles de ideas pasaron por mi mente de adolescente.
¿Qué pensarían mis padres?
¿Haré amigos en el nuevo instituto?
¿Quedará esto en mi expediente?
¿Conseguiré trabajo?
Pero para mi sorpresa, lo que ella quería era darme las gracias.
Verás, yo tenía un amigo en clase al que siempre
le gastaban bromas que se pasaban de la raya.
Los compañeros se metían mucho con él, y más de una vez
abandonó el entrenamiento de rugby llorando.
Ahora bien, no te voy a decir que yo era la persona
que estaba a su lado y lo defendía en el vestuario.
Lo que sí es cierto es que yo siempre salía
detrás de él para comprobar que estaba bien.
Y aunque yo no lo sabía en ese momento,
este pequeño gesto evitó que cambiara de instituto.
Y por eso me sacaron de clase ese día, para darme las gracias.
No se trata de lo genial que era Johnny.
Yo aún era un joven de 14 años imperfecto.
Pero yo era un chaval que intentaba hacer que su fe fuera real.
Y recuerdo que, en aquella época, me resultaba difícil orar,
pero cuando lo hacía mis oraciones eran sencillas.
Solo le pedía a Dios que me ayudara a marcar la diferencia.
Creo que era el poder del Espíritu Santo que obraba en mí.
Tal vez no fuese tan espectacular como en Pentecostés,
pero creo que el Espíritu Santo me dio lo que necesitaba
para tomar la decisión adecuada y ayudar a un amigo.
Creo que si se lo pedimos,
el Espíritu Santo nos dará poder para vivir nuestra vida y tratar
a los demás como lo hizo Jesús cuando estuvo en la Tierra.
El Espíritu Santo produce en nosotros lo que se denomina el fruto del Espíritu.
Amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad,
fidelidad, humildad y dominio propio.
El apóstol Pablo, que nos enseña sobre el fruto del Espíritu Santo,
nos anima a vivir los unos para los otros.
Él dijo:
«Os hablo así, hermanos, porque habéis sido llamados
a ser libres; pero no os valgáis de esa libertad
para dar rienda suelta a vuestras pasiones.
Más bien servíos unos a otros con amor.
En efecto, toda la ley se resume en un solo mandamiento:
“Ama a tu prójimo como a ti mismo”».
Eso era lo que había en la mochila de Johnny ese día.
¿Qué hay en tu mochila que pueda ayudar a suplir necesidades cercanas?
Tal vez sabiduría, pero no solo la de aprobar un examen,
sino la sabiduría para ayudar a un amigo que lo esté pasando mal.
O valor, y no necesariamente para luchar contra un ejército,
sino para tener las fuerzas para defender aquello que es justo.
O paciencia y dominio propio, para rechazar lo que puede perjudicarte a ti y a los demás.
Sea lo que sea, te animamos
a que ores con valentía para que el Espíritu de Dios obre en ti.
Esta oración conlleva riesgos porque creemos que Dios la responderá.
Pero recuerda, sea lo que sea a lo que te enfrentes, no lo harás solo.
Jesús nos ha dejado un ayudante, un guía, un compañero.
Nos da una mochila llena con
las herramientas necesarias para afrontar todo tipo de situaciones.
Nos da Su Espíritu Santo.