Story (Episode 5)·2 de 3

5.2 Is the Bible One Big Story?

God is not just one book. It is an entire library of different books that all work together to describe God's plan for the world.

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Transcripción

Spanish, Castilian (Castellano)
Escrita en 3 idiomas, por más de 40 autores, durante 1500 años, esta es la historia de la Biblia. Antes de que algo fuera, existía Dios. Y en su amor, creó la vida con su sello impreso por todas partes. Y al ser la clase de el Dios que era, involucró a la humanidad para que cuidara de toda la creación con él. Pero Satanás, el enemigo de Dios, quería estropear este gran plan. Tentó a Adán y a Eva con el deseo de ser como Dios. Les dijo que Dios les ocultaba cosas mejores. Lamentablemente, Adán y Eva eligieron creerle. Esto fue un gran problema. Por primera vez, el pecado entró en el mundo. Fue devastador. Adán y Eva ya no estaban unidos a Dios. Aquí no terminó la relación de Dios con la humanidad, solo empezó. Pues Dios no es de los que abandonan. Tiempo después, los hijos de los hijos de Adán y Eva se habían olvidado de Dios. Se asesinaban unos a otros. Así que Dios intervino. Empezó de nuevo y eligió gente fiel que no destruyera el mundo. Una de esas personas fue Abraham. Dios prometió que un descendiente de Abraham salvaría al mundo. Dios llamó a su pueblo los israelitas. Durante un tiempo todo iba bien, pero los israelitas se olvidaron de vivir según los caminos de Dios y pronto se encontraron esclavos de los egipcios, la potencia mundial de la época. Parecía que aquello era el final. Entra Moisés. Muy unido a Dios y con un currículum egipcio impresionante. Dios le ayudó a liberar a los israelitas y les recordó que un día Dios salvaría al mundo. Y para ayudarlos a no autodestruirse de nuevo, les dio los Diez Mandamientos, con consejos útiles como no matar y no adorar objetos. Pero al igual que bebés gruñones, los israelitas dijeron que preferían volver a ser esclavos en Egipto porque la vida en el desierto era dura. Por suerte, no todos los israelitas pensaban así. Y Dios guio a la siguiente generación desde el desierto a la tierra prometida. Y vivieron felices para siempre, ¿no? Pues no, no mucho. Se mantuvo el mismo comportamiento. Los israelitas se olvidaban de Dios, iban tras cosas erróneas y la liaban. Pero Dios los ayudaba con paciencia. Finalmente, los israelitas decidieron que lo que necesitaban era un rey. Todas las demás naciones tenían uno y parecía divertido. A su pesar, Dios les dio lo que pedían. Algunos reyes no estaban mal, pero el plan de los reyes no salió muy bien. No escucharon a Dios y ¿adivina qué? Los capturaron. Otra vez. Parecía que Dios los había abandonado, y en cierto modo se lo merecían. Claro que no lo hizo. Los ayudó durante el cautiverio para bendecir a otros. Les recordó que un buen rey, o sea un descendiente de Abraham, vendría y salvaría al mundo. Por fin eran libres. Salieron del cautiverio y esperaron al rey bueno que Dios había prometido. Y aquí es donde entra Jesús. Él era el rey bueno. Era el que les habían prometido. Además, él era Dios encarnado. De verdad. Jesús les muestra cómo es la soberanía de Dios. Amor profundo para todos. Justicia para los pobres. Libertad para los oprimidos. Y sanación para los enfermos. Para la mayoría, era la mejor noticia que jamás habían oído. Dios los amaba a todos, a pesar de sus malas acciones. Y como siempre, a algunos no les gustaba como sonaba todo este amor y perdón. ¿Te lo puedes creer? Eran las personas religiosas. Se sentían amenazadas y decidieron matarlo. Y piensas: «¿Qué?». Se ha perdido toda esperanza, ¿verdad? No hay manera de que Dios perdone esto. El salvador había muerto. Dios había sido rechazado. Y todos estamos acabados. No tan rápido. Resulta que se estaba librando una batalla más profunda. Ese era el plan de Dios todo el tiempo. Sabía que al morir Jesús de esta manera, él llevaría el pecado de la humanidad, desde ese trozo de fruta del jardín, hasta nuestro pecado futuro, directamente a la tumba. Jesús sí murió, pero se llevó el pecado del mundo consigo. Y como Jesús era Dios, él regresó y resucitó. La muerte y el pecado vencidos. Para siempre. Había comenzado una nueva era. Todo era diferente ahora. Roto el yugo del pecado, la humanidad y Dios podían estar unidos de nuevo. Además, Dios envió su espíritu para que esté en quien lo pida. De hecho, Dios sigue con nosotros ahora, y nos invita a volvernos a él y a servir al mundo con él. Y Jesús prometió que volvería un día, y haría que todo estuviese bien, como siempre debió ser.
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