2 de 4The Way of St. Patrick · 4 capítulos

Calling

Patrick achieves safety and freedom, yet a more profound struggle emerges. Compelled by God, he faces a choice: remain in comfort or embrace the daunting task of returning to the site of his suffering.

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Luke 9:23-25

Then Jesus said to all of them, “If anyone wants to come after Me, he must deny himself and take up his cross daily and follow Me. For whoever wants to save his life will lose it, but whoever loses his life for My sake will save it. What does it profit a man to gain the whole world, yet lose or forfeit his very self?

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1 Peter 3:19

in whom He also went and preached to the spirits in prison

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Jeremiah 29:11

For I know the plans I have for you, declares the Lord, plans to prosper you and not to harm you, to give you a future and a hope.

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2 Peter 1:19

We also have the word of the prophets as confirmed beyond doubt. And you will do well to pay attention to it, as to a lamp shining in a dark place, until the day dawns and the morning star rises in your hearts.

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1 Peter 2:24

He Himself bore our sins in His body on the tree, so that we might die to sin and live to righteousness. “By His stripes you are healed.”

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Proverbs 3:5-6

Trust in the Lord with all your heart, and lean not on your own understanding; in all your ways acknowledge Him, and He will make your paths straight.

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Transcripción

Spanish, Castilian (Castellano)
Después de años de esclavitud, lejos de su hogar y de su familia, podemos imaginar a Patricio subido en la proa de un barco llorando de alivio. Detrás de él, la tierra de su cautiverio. Delante, el mar y la libertad que jamás pensó volver a tener. Pero no se trataba de volver a su vida, de volver a lo que había perdido, sino que el barco no lo condujo a casa, lo llevó hacia la desconocida. Los expertos creen que el barco le llevó a Francia, donde empezó a estudiar las escrituras y se unió a una comunidad cristiana. Patricio podía haber elegido otros caminos, pero algo había cambiado dentro de él. Su fe, nacida en el sufrimiento, había empezado a echar raíces. Ahora tenía la necesidad de aprender y de profundizar más. Gracias a su nueva comunidad conoció a Jesús, pero no solamente de oración, sino de práctica. Vio lo que significaba vivir una vida de oración, servicio y amor. La fe es como una llama y necesita cuidado. Necesita resguardo y una comunidad que la proteja. Necesita combustible, escritura, sabiduría, experiencia y también necesita aire, un espacio para preguntar, dudar y crecer. Todo eso avivó la fe de Patricio hasta convertirla en un fuego que consumió su vida y en el proceso encontró un llamado más profundo. Después de lo que seguramente parecieron varias vidas para sus padres, Patricio decidió emprender el viaje de regreso a casa. Qué alivio habrá sido eso. Pero me pregunto: ¿le reconocieron? Llevado sin piedad siendo un niño, ahora volvía como un hombre con una misión, un hombre decidido a servir a Dios y seguir su guía. Deseando aferrarse a lo que una vez habían perdido, Patricio cuenta que al volver me rogaron que les diera mi palabra, que después de haber sufrido tan dura prueba, jamás los dejaría de nuevo. Pero Patricio no podía hacer esa promesa porque Dios lo estaba llamando de vuelta. Todos sabemos lo que es sentir la presión de las expectativas ajenas, especialmente de nuestros padres, profesores, líderes. Todos tienen una idea de lo que deberíamos hacer. Seguramente, los maestros de Patricio esperaban que sirviera en Francia e incluso que tomara una posición de liderazgo. Un plan sensato y seguro habría sido viajar hacia el este, de camino a Roma, a la protección del imperio, el privilegio de la Iglesia y el camino ascendente dentro de la jerarquía religiosa. Pero Patricio oyó otra cosa. Escuchó la voz de los irlandeses, los mismos que le habían esclavizado, y le decían: "Te lo suplicamos, vuelve y camina una vez más entre nosotros". Claro, imaginaros, esto le traspasó el corazón, pero no se apresuró, sino que se quedó ahí debatiendo y luchando contra ello. Porque imaginaros, ¿realmente podía dejar a sus padres, podía dejarles con todo lo que habían perdido? ¿Podía volver a la tierra que le había arrebatado absolutamente todo? O incluso mejor, ¿era realmente la voz de Dios? Pero una noche, mientras oraba y se cuestionaba todo esto, volvió a escuchar una voz y era Jesús que le decía: "Jesús, quien ha entregado su alma por ti, es ahora quien habla dentro de la tuya". Entonces, es que ya no se trataba de seguridad, se trataba de obediencia. No se trataba de comodidad, sino de valentía. A lo largo de las escrituras vemos a hombres y mujeres entrar en lugares difíciles, no porque fuera fácil, sino porque Dios los llamó. Y al hacerlo, su fe y su valentía cambiaron el mundo. Abraham dejó todo lo que conocía para seguir a Dios hacia lo desconocido. María Magdalena fue la primera en presenciar la resurrección, en un mundo donde el testimonio de una mujer ni siquiera se consideraba válido. Pablo recorrió caminos peligrosos y enfrentó multitudes hostiles para compartir el mensaje de Jesús. El llamado de Dios nos lleva a lugares difíciles, pero es justo ahí donde su historia se despliega. Jesús fue llamado a entregar su vida para que otros pudieran vivir. Y ahora Patricio es llamado a regresar a la tierra que le provocó tanto dolor. A menudo, el llamado rara vez llega con claridad al principio. Suele empezar con un susurro, una carga, un tirón en el alma. Y siempre la invitación es la misma: confía en mí. Para encontrar nuestro propósito en este mundo, se nos invita a escuchar el corazón de Dios, el corazón de aquel que ha estado desde el principio del tiempo tendiéndonos la mano para sanar lo que duele, restaurar lo que está roto y encontrar lo que se ha perdido. A los cuarenta años, Patricio regresó a Irlanda, pero esta vez no como cautivo, sino por decisión propia, en la misión de encender la llama de la fe que iluminaría a toda una nación. Y tú, si estuvieras dispuesto, ¿a dónde podría llevarte Dios?
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